Donde hubo clases y sueños, esta noche quedaron veladoras y recuerdos

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Por: Karen Peña

Una alfombra de luces rompió esta noche la oscuridad de la avenida Manuel Nava Martínez.

No eran las luces habituales de una ciudad que comienza a cerrar su jornada, sino las de casi medio centenar de estudiantes que, con el corazón encogido y el rostro marcado por la tristeza, llegaron hasta las inmediaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) para despedir a uno de los suyos.

Esta vez, el bullicio cotidiano de la zona universitaria, acostumbrada al ir y venir de jóvenes después de una jornada de clases, fue sustituido por un silencio profundo. Muchos de ellos, en su mayoría estudiantes de nuevo ingreso, llegaron lentamente, sin libros ni mochilas como protagonistas, sino con una pequeña veladora entre las manos.

Eran aproximadamente las 19:00 horas cuando comenzaron a reunirse. Casi no hubo palabras. Solo miradas perdidas, abrazos contenidos y una tristeza que parecía decirlo todo. Poco a poco, las veladoras fueron colocándose sobre el asfalto, una junto a otra, hasta convertir aquel espacio en un pequeño altar de luz, memoria y respeto para un compañero cuya ausencia, desde esta noche, ocupará un lugar imposible de llenar.

Entonces, una oración rompió el silencio. Las voces de los estudiantes se unieron mientras pedían por el descanso de quien hasta hace apenas unas horas compartía con ellos aulas, pasillos, conversaciones y sueños. Por unos minutos, el tráfico, el ruido y la rutina quedaron en segundo plano. El dolor de uno se convirtió en el dolor de muchos.

Ante la solemnidad del momento, las autoridades universitarias permitieron el ingreso de los estudiantes al campus. Las luces fueron llevadas al interior de la institución, al mismo lugar donde tantas veces coincidieron con su compañero, donde construyeron amistades y donde hoy queda un vacío que difícilmente podrá explicarse con palabras.

Esta noche, la universidad no fue solamente un espacio de aulas y aprendizaje. Fue también un lugar de despedida.

El duelo apenas comienza. Y mientras las veladoras continúan encendidas, la comunidad universitaria enfrenta una ausencia que permanecerá en sus pasillos y en la memoria de quienes lo conocieron.

Este miércoles podrían continuar las muestras de solidaridad y acompañamiento entre los estudiantes. Mientras tanto, las aulas permanecen en silencio.

Hoy, más que nunca, las palabras sobran. Quedan las luces, los recuerdos y el abrazo silencioso de una comunidad que esta noche decidió no dejar solo a uno de los suyos.