En uno de los casos más brutales de los últimos cinco años, una sentencia condenatoria relata la historia de una niña a quien le fue robada su niñez e inocencia, por parte de su padrastro, un sujeto dedicado a la pepena.
En medio de un contexto de desintegración familiar, donde sus padres se separaron y luego su madre se relacionó con un nuevo sujeto, una niña de ocho años vivió un infierno a su corta edad, ya que fue víctima de explotación sexual y laboral.
Todo se remonta a febrero de 2021, cuando su padrastro la llevó a un motel donde la entregó a un hombre para sostuviera relaciones sexuales, de cuyo hecho delictivo obtuvo una remuneración económica.
Además, entre enero del 2021 y diciembre de 2022, mantuvo a la víctima poniéndola a realizar actividades de recolector de fierro y botes de aluminio para venderlo a una recicladora, quedándose con el dinero de las ventas.
Dichos sucesos fueron considerados como hecho constitutivo de un hecho que la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, señala como delito de trata de personas, refiere el toca penal UG-ASA del Supremo Tribunal de Justicia del Estado (STJE).
TESTIMONIO QUE LO CONDENARON
Como parte de la valoración de las pruebas y testimonialesaportadas por el Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado (FGE), el Tribunal de Alzada, resolvió condenar al padrastro por los delitos de trata de personas en la modalidad de trabajos forzados agravado y trata de personas en la modalidad de explotación sexual agravada.
El primer testimonio corresponde a la abuela, quien dijo que su nieta fue violentada sexualmente, por lo cual, denunció esos hechos en enero de 2024 y añadió que su hija dejó el domicilio donde vivía con el padre de su nieta, para irse a vivir con otro sujeto en la capital.
Con la decisión se llevó consigo a sus dos menores hijos, donde la niña fue la más afectada, porque el padrastro la mandaba a pepenar botes de aluminio para comprar comida y hasta octubre de 2023 la psicóloga del internado le dijo que su nieta había sido violentada sexualmente y la estuvieron atendiendo porque le detectaron un trauma depresivo postraumático.
La versión de la infante, señaló que por problemas que tuvo su mamá, primero con su papá, luego con su abuelo, se los llevó a vivir con su pareja a una casa que estaba en muy mal estado.
Dijo que nunca tuvo buena convivencia con él y sabía que su mamá y él consumían drogas, que en esa casa todo era deprimente, por eso optó por ir a pepenar botes y fierros, pues esas salidas le servían de escape, luego lo empezó hacer ella sola.
También la mandaba a pedir limosna y mínimo tenía que llegar con 30 pesos, y el día que no los llevó, no pudo entrar a la casa, pero como su mamá todavía estaba despierta, la dejó entrar, y aseguró que su abuela los empezó a buscar a ella y a su hermano, porque su mamá se enfermó y la tuvieron que internar.
Una de las aportaciones más relevantes, se trató de la psicóloga de intervención educativa y psicopedagógica del internado, quien documentó que, desde octubre de 2023 cuando tenía entre nueve y 10 años de edad, se la canalizaron porque se confrontaba mucho con la gente, y cuestionaba todo lo que le decían los maestros.
Determinó que después de varias sesiones psicológicas, que la niña había sido violentada sexualmente. A su vez, la indagación de campo de los Policías de Investigación (PDI), corroboró que la niña solía acudir a un espacio de aparatos para ejercitarse, lugar donde recolectaba los desechos de aluminio.
Tras analizar todas las pruebas, el cuerpo colegiado decidió ratificar la sentencia del Tribunal de Enjuiciamiento que lo condenó a 65 años, 7 meses y 15 días de prisión, una multa de 8 millones 267 mil 445 pesos y el pago de la reparación del daño moral y psicológico por 124 mil 800 pesos.



