Estado de México se alista para el corte de árboles de Navidad: “Que les traigan amor y cosas bonitas”, pide don Victoriano, productor
Por más de una década, la familia Ortega ha convertido su plantación en Lerma en un ejemplo de sustentabilidad y esperanza verde para las fiestas decembrinas.
Lerma, Estado de México. – Entre montañas, aire puro y un paisaje que huele a pino fresco, la comunidad de Huitzizilapan se prepara para el inicio de la temporada navideña. En la plantación “Juanangel”, propiedad de don Victoriano Florentino Ortega Villavicencio, todo está listo para recibir a las familias que acudirán a cortar su árbol de Navidad.
Por más de diez años, don Victoriano ha cultivado no solo árboles, sino también una filosofía de amor por la naturaleza y el trabajo sustentable. “Se siente amor por ellos, mucho amor; platicamos con ellos, ‘ay qué lindo estás’, ‘qué precioso’. Cuando se lo lleva la gente, le pedimos que le lleve alegría a ese hogar, que le lleve cosas bonitas, mucho amor”, comparte con una sonrisa.
La plantación “Juanangel” alberga cerca de 10 mil árboles que, cada año, llenan de color y aroma las casas del Valle de Toluca y la Ciudad de México. Desde 2015, este proyecto familiar ha crecido con el acompañamiento de la Protectora de Bosques del Estado de México (Probosque), lo que ha permitido su certificación como plantación sustentable.
“Piensan que estamos talando, pero no es así. Donde se corta un árbol, se vuelve a plantar. Es un cuento de nunca acabar: cortas, plantas, cortas, plantas. Son plantaciones controladas, no estamos deforestando”, aclara el productor.
Detrás de cada árbol que llega a un hogar hay años de esfuerzo. Desde la selección de semillas, la preparación del terreno y el diseño del plan de manejo, hasta el cuidado constante de cada ejemplar. “Yo creo que es el mejor trabajo que he tenido, es el más pesado, pero el más bonito; se siente una enorme satisfacción”, asegura don Victoriano mientras observa el verdor de su plantación.
En el sitio, los árboles alcanzan distintas alturas: los más pequeños rondan el metro, mientras que los mayores superan los tres metros. Las familias suelen elegir los de 2.5 metros, por su facilidad de transporte y adaptación a los hogares.
Durante los meses más calurosos, el trabajo no se detiene: se fertiliza, se limpia, se poda y se riega. “Aquí no hay vacaciones, pero sí mucha satisfacción”, dice Omar Ortega, hijo de don Victoriano, quien continuará con la tradición familiar.
A partir del 15 de noviembre y hasta el 23 de diciembre, las puertas de la plantación estarán abiertas al público. Los precios de los árboles certificados van desde mil hasta más de tres mil pesos, dependiendo del tamaño y la especie.
“Queremos que la gente sepa que, al comprar un árbol natural de una plantación certificada, apoya a productores locales y ayuda a cuidar los bosques. Cada árbol que se corta da vida a uno nuevo”, comenta don Víctor.
En medio del frío del valle y con la esperanza sembrada en cada surco, la familia Ortega se prepara para una nueva temporada de amor, trabajo y gratitud. Como dice don Víctor:
“Que cada árbol que se lleven les traiga amor, alegría y cosas bonitas. Eso es lo que sembramos aquí, además de pinos: sembramos esperanza.”



